No somos una cifra: somos la suma,
de cuanto nos fue dando la jornada;
la luz que alguna vez venció a la bruma,
y el error que dejó su cicatriz callada.
Llevamos en la sangre lo que fuimos,
virtudes que florecen junto al daño;
también las sombras que jamás vencimos,
y algún arrepentimiento sin tamaño.
La vida no examina lo perfecto,
ni absuelve al corazón por sus intenciones;
pesará cada acto, cada afecto,
cada silencio entre las decisiones.
Seremos al final lo que sembramos,
la huella que dejamos al pasar;
las manos que tendimos y estrechamos,
y el bien que conseguimos rescatar.
Porque un hombre no es solo su caída,
ni el mármol de sus triunfos perdurables:
es la suma de toda su vida,
sus huellas verdaderas, sus errores habitables.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026