MichaelJhon

ASPIRANTE A LECTOR.

Una vez me dirigía yo, a solas, hacia la feria internacional del libro, en Jesús María. Faltando poco para llegar me detuve al ver una panadería y, aunque debiese evitar la harina, procedí a entrar. Salí del establecimiento con un quequito que bien pudiese salvarme del apuro, pues no había almorzado aquel día.
Intenté continuar mi paso, pero interceptaron, algo incesante como casi siempre, tantas ideas en mi cabeza desde hace buen rato, que tuve que detenerme de nuevo. La situación era clara: tenía que escribir.
Así pues lo hice, y cuando culminé me leí, me escuché, me entretuve y, finalmente, me comprendí. Era como si de un abrazo o de un acto conciliador se tratara lo que acababa de anotar:

“Yo he nacido como aspirante a lector, deseoso de leer tanto y no leer nada por fin. He nacido para ir a las bibliotecas, las librerías de Lima, de Salamanca, ver las revistas de París, hojearlas, acariciarlas y no comprar finalmente nada. He nacido para masturbarme con las letras y no culminar las historias. He nacido, pues, empedernido entre los libros; quiero decir, deseoso de serlo más bien, y sin embargo ser, por lo contrario, mañoso y corrompido. Qué le vamos a hacer, un aspirante, un don nadie más.”