El silencio vive
El silencio vive
en las esquinas de la noche,
donde la luna conversa con los tejados
y los borrachos le cuentan sus penas
a una botella que nunca responde.
Vive en los labios
que alguna vez quisieron decir “quédate”,
pero aprendieron demasiado tarde
que hay despedidas
que comienzan mucho antes de marcharse.
El silencio vive
en la silla vacía de un café,
en la taza que perdió el calor
esperando unas manos
que ya no volvieron.
Vive en las cartas que no escribimos,
en los besos que se quedaron temblando
a mitad del camino,
en ese “te extraño”
que jamás encontró el valor de nacer.
Porque el silencio no está vacío...
¡qué equivocación tan grande creerlo!
El silencio está lleno
de nombres, de recuerdos,
de promesas que envejecieron
sin llegar a cumplirse.
Está lleno de noches sin sueño,
de canciones que todavía duelen,
de fotografías que uno guarda
aunque ya no tenga
a quién enseñárselas.
Y yo lo sé...
porque algunas madrugadas
he escuchado al silencio respirar
junto a mi cama.
Lo he visto sentarse conmigo
mientras escribo versos
sobre aquello que perdí
y todavía amo.
Entonces comprendo
que hay amores que no mueren;
simplemente dejan de hablar.
Se convierten en silencio,
se esconden detrás del tiempo
y esperan...
Esperan que una noche cualquiera,
cuando la ciudad duerma
y la luna se quede sola,
alguien pronuncie su nombre.
Porque el silencio vive...
vive en mí,
vive en ti,
vive en todo aquello
que alguna vez sentimos
y no tuvimos el valor
de decir.
-El bohemio puro.