Una mujer camina
con un descuido ajeno,
desperdicia la calle,
no sabe que la miro,
tal vez va contrariada,
por un amor perdido,
que ha dejado su alma,
dolorida y obscura,
en los redondos bordes
de la noche que llega,
va repitiendo un nombre,
como una gris plegaria,
su latido posee un leve desamparo,
mientras la luna acecha,
en sus ojos mojados,
no va a saber de mi,
ni de lo que yo imagino,
como yo no sabré,
si hoy alguien me ha mirado