Llueve sobre San Salvador.
Una estrategia del invierno
para alimentar el rencor de tus ojos caídos
contra estas calles,
contra este tráfico del carajo
contra esta gente y su malcriada indiferencia.
Y para que, de paso,
por pura inercia,
detestés también a este obstinado
que se aferra a escribir(te),
a salvo en un rincón de un café
mientras el cielo
allá afuera
se desploma
sobre las calles
y sobre los mismos de siempre.