José Luis Barrientos León

El eco de la luz

 

Si el paladar guardara por descuido

el rastro suspendido de tu nombre,

y ese aroma de bosque en la mirada

regresara a habitar los días lentos;

si tu risa de agua contenida,

y el nido de tu callada pausa,

fuesen de nuevo el centro de la casa;

 

Si tu mano envolviera mi destino

con su firme y callada geometría,

y el roce de los labios suspendidos,

fuera un pacto de paz sobre la sombra,

un refugio sin grietas ni dolores,

porque medí tu boca con el alma

en un tiempo de tregua y de vigilia.

 

Entonces, amor mío, en la distancia,

comprendería al fin que la llovizna

no es olvido que cae,

sino tu arquitectura de neblina

que regresa a salvarme.