Tengo un latido que no sabe a dónde va,
un pulso anónimo que insiste en la penumbra.
Es esta pasión feroz por la vida real:
el café frío, el alquiler que abruma
y este dolor sordo de no entender nada.
Me quema el pecho el deseo de ser,
pero tropiezo con la acera y el olvido.
¿Qué busco en el fondo de este laberinto?
Solo sé que sufro, que amo y que sigo viva.
Pulso Anónimo