Candiles en el asfalto
.
Soledad en sus bolsillos
y un despertar sombrío
es morral del indigente
que solo carga el vacío.
Con el canto de los grillos
recuerda un viejo poema
clara luz en su extravío
es hoguera que lo quema.
Se cayeron sus castillos
llevados por la corriente,
los vestigios de su emblema
solo son voz penitente.
.
En sus bronceadas manos
se apaga lenta la aurora
como una vieja semilla
que en el frío asfalto mora.
Escucha ruidos lejanos
en los pliegues de la noche
mientras su reflejo llora
sobre cristales de un coche.
Camina sobre pantanos
buscando siempre la orilla
donde pone al fin el broche
de su eterna pesadilla.
.
Es hombre con la costumbre
de conversar con el viento
de sus poemas proscritos,
candiles de su talento.
En un alero su lumbre
entibia una mariposa,
de sueños y desaliento,
que reposa silenciosa.
Aunque se aleje su cumbre
y calle el mundo sus gritos
entre la escarcha brumosa
se levantan sus escritos.