A veces,
el amor que no puede ser
tampoco muere,
se queda aturdido, medio inerte,
no porque esté esperando
nada por llegar…
sino porque no entiende
no entiende que esas palabras
que sonaban a hogar,
a lumbre baja…
tengan ahora ese eco metálico y hueco
—casi impostado—
como vago recuerdo de un mal presagio
no entiende que la misma mirada
—encendida en llamas—
antes entrara sin pedir permiso
y ahora se vea reflejada
en la espalda desnuda de sus ojos
y tiene terror a que su piel…
(tan suave y cálida como siempre)
ya no tiemble
con el simple roce de su tacto
el amor no ha muerto…
de pura decepción:
ya ni se reconoce