Antonio Portillo Spínola

La mesa larga

 

Doce cubiertos. Tú en la otra punta.
Entre nosotros, un candelabro de tres brazos
y la conversación de los demás.

No te miro directamente.
Miro tu copa: la levantas, bebes,
la dejas en el mantel con una mancha
que no borras.

Alguien cuenta una historia.
Ríes con la cabeza hacia atrás
y yo río un segundo después,
fuera de tiempo.

El pan pasa de mano en mano.
Cuando llega a la mía
ya está frío.
Lo sostengo sin partirlo.

Tú hablas con tu vecino.
Yo hablo con el mío.
En el centro de la mesa
el salero sigue lleno.

Al final de la cena
doblas tu servilleta
y la dejas sobre el plato.
Yo doblo la mía
y la dejo en la silla.


Las dos puntas

Doce cubiertos. Nosotros en las puntas.
Entre los dos, un candelabro de tres brazos
y la conversación de los demás.

Levantamos la copa casi a la vez.
Bebemos.
La dejamos en el mantel
con dos manchas que nadie borra.

Alguien cuenta una historia.
Reímos con la cabeza hacia atrás,
cada uno hacia su lado.

Nos miramos una vez.
Fue suficiente.
Volvimos a la copa.

El pan pasa de mano en mano.
Cuando llega al centro
ya está frío.
Ninguno lo parte.

Tú hablas con tu vecino.
Yo hablo con el mío.
En el medio de la mesa
el salero sigue lleno.

Al final de la cena
doblamos la servilleta
y la dejamos sobre el plato.
Ninguno la deja en la silla

Antonio Portillo Spínola ©