Por encima de la noche
Amo la noche cuando abre lentamente
sus grandes ventanas sobre la tierra,
cuando la luna deja caer su silencio
sobre los tejados dormidos
y el cielo se llena de pequeñas hogueras.
Amo el rumor de la lluvia
cuando conversa con los árboles,
el viento que atraviesa las hojas
como una mano invisible
buscando dónde descansar.
Amo los caminos después de la tormenta,
la humedad que sube de la tierra,
el olor oscuro de los jardines
y ese instante en que la madrugada
todavía no decide si será luz.
Hay tanta belleza en el mundo
que a veces me quedo callado
para no romperla con mis palabras.
Pero entonces apareces tú.
Y todo lo que antes parecía inmenso
se vuelve apenas una antesala de tu rostro.
La luna puede quedarse sobre el mar,
las estrellas pueden encenderse una por una,
la lluvia puede cantar durante horas
contra los cristales de mi ventana;
nada de eso consigue
lo que consigue tu presencia:
hacer que mi corazón
recuerde de pronto
por qué vale la pena estar vivo.
Porque yo no te amo
como se ama una flor por su perfume
o una noche por sus estrellas.
Te amo de una manera más profunda:
como ama la tierra a la lluvia,
como el silencio espera a la música,
como el horizonte espera al día.
Y si alguna vez me preguntaran
qué belleza elegiría
entre todas las que guarda el mundo,
no señalaría la luna,
ni el cielo,
ni las estrellas.
Diría simplemente tu nombre.
Porque cuando te miro,
la noche deja de ser noche,
el cielo pierde su distancia
y hasta las estrellas parecen comprender
que hay una luz que no pertenece al cielo.
Y entonces sabría,
sin necesidad de decir una palabra,
que después de haber amado tus ojos,
ya no existe en el universo
ninguna noche suficientemente oscura
para apagar lo que siento por ti.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Noviembre, 2018.
Género: poesía lírico
Forma: verso libre