—Tan infinito que es el arte y te has quedado en el cliché del amor —me dijo.
Y lo sentí como una bofetada.
—¿Y qué tiene de malo el amor? —pensé—.
Si es el padre de todas las artes.
O tal vez el amor es madre y gesta en su epicentro el sentido mismo de la vida.
—Todos hablan de amor —dijo.
—Todos somos amor —repliqué.
Y este se convirtió en un poema político:
Uno para defender mi derecho a escribir de amor, al amor, al desamor.
A las mujeres que me han dejado perdida y a las que me han traído a la cordura en un arrullo.
Es mi amor igual al de mis antecesores, pero es también diferente en la misma medida.
Que me perdone el mundo por otra obra monotemática.
Yo le perdonaré por hacerme un ser que no conoce otro lenguaje.
Tal vez un día escriba sobre ciencia, aventuras o milicia, pero hoy,
me estoy enamorando.