A mi hija Gabriela María Pía.
Por una calle de Esquel
camina María Pía
lejos de la algarabía
que se perdió en un papel.
Atrás quedaron escuelas,
paisajes de piedra y nada,
las pequeñas carcajadas,
taloncitos sin espuelas.
Poca gente anda en el centro
(un comentario a la brisa),
tiempo tiene esa sonrisa
que se encamina a su encuentro.
¿Seño, se acuerda de mí?
¡Creo que sí! ¿Cuarto grado
en el Cerro Colorado?
Sollozaron... yo las vi.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.