Una mañana, sembrando huellas en la montaña,
entre piedras y paja escuché una voz.
Una cantuta roja, como la sangre de mis abuelos,
entre las piedras y paja, ella me habla.
Recordando los tiempos de antes,
cargando ichu en llamas para la chuclla.
Sin llorar me decían mis hermanos,
al ver las tierras abandonadas de los tatas.
Cantuta, cantutita, flor hermosa,
háblame más de aquellos años.
Senderos, pajas, piedras de este pueblo,
memoria viva de aquellos viejos que ya no están.
El viento se lleva los recuerdos,
palabras que se pierden en las montañas.
Ancianos que ya dejaron esta tierra,
llevándose sueños, alegrías e historias.
Llora, llora, cantutita.
Llora, llora, cantutita.
Llora, llora, cantutita.
Llora, llora, cantu...
Llora, llora.
Llora.