Alguien que aprendió

Viento

En la ciudad el viento no avisa.

Llega.

Se lleva las hojas,

los papeles mal puestos en la mesa,

las conversaciones a medias.

Tú estás aquí.

Ahora entiendo.

No fue que no quisieras quedarte.

Es que eres el viento,

y el viento no se queda, aunque quiera.

Yo en cambio, soy la casa con ventanas abiertas;

todavía.