Mientras la lluvia caía y hacia su sonido característico,
el olor a tierra se desplegaba en el aire.
Ese aroma, tan particular me recordaba que las
pequeñas cosas también pueden hacernos suspirar.
Quisiera que así como la lluvia trae consigo sonidos,
olores y momentos, nosotros también fueramos capaces
de encontrar la felicidad incluso en un día lluvioso.
En comer algo delicioso, en preparar una verduras y escuchar como
chisporrotean en el aceite hirviendo, cerrar los ojos por un instante
y descubrir que su sonido característico se parece al de la lluvia.
Quizás y pensándolo un poco, la felicidad también debe ser eso,
aprender a detenernos, a escuchar y disfrutar esas pequeñas cosas que
desde algunas perspectivas parezcan insignificantes hacen que la vida se sienta
un poquito mas bonita.