Hay una mujer fiel que habita mi mente.
Es Esperanza; yo la llamo Bella.
Nunca la he visto, y jamás la veré,
pero al velarme, me besa la frente.
Cuanto más la busco, menos la encuentro.
Sus palabras, un susurro del viento,
sus caricias, se sienten espectrales,
su sonrisa, eterna, como su idea.
No está, pero aquí la espero, impaciente.
Pienso en cuando la vea deslumbrante
andar la acera. ¿Me mirarás, ángel?
Bella esperanza que en mi alma resides,
todo lo diera por verte algún día,
nada daría por saberte ausente.