La Cerillera

Amapola

Hay una paz,

tan suave y tenue,

en no quererte.

 

Dulce vacío,

brillante.

Una mañana fría de otoño.

 

Hay una paz,

tan lenta y cansada,

en no odiarte.

 

Perdimos el nosotros

entre los pedazos del desastre.

 

Blanco, nulo.

Todo era tan frío.

Nieve.

 

Y, poco a poco,

como el agua de un arroyo,

broté.


Viva.

Roja.

Silvestre.