Deja que el mundo ruede allá afuera,
con su prisa de siempre y su ruido constante,
hoy tu alma ha pedido una tregua,
un refugio en el pecho, un instante.
No le temas al peso del aire,
ni al silencio que habita en tus manos,
la tristeza no viene a dañarte,
viene a ver los dolores humanos.
Es el agua que limpia el camino,
es la pausa obligada del viento,
no hay reproche ni error en tu sino,
solo un cuerpo sintiendo el momento.
Llora el cielo y se vuelven más verdes
los campos que luego florecen,
así el alma, si a veces se pierde,
encuentra las luces que crecen.
Abraza tu sombra esta tarde,
sé amable contigo y tu herida,
que no hay corazón que no sufra,
para entender el valor de la vida.
Mañana el sol volverá a tu ventana,
con un tono más suave y ligero,
pero hoy, si te pesa el mañana,
descansa, que yo te espero.