Centroamérica Obstinada!
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En cada pueblo centroamericano hay una mujer
que sabe esperar.
Sabe cuándo regresan los hombre
cuándo escasea el maíz
cuándo una camioneta se detiene
demasiado tiempo frente a una casa.
Y hay nombres que no se pronuncian.
Fotografías guardadas bajo la ropa.
Hijos que cruzaron la frontera
con una dirección escrita en un papel
y una promesa que el camino
no siempre cumple.
Porque también hay palabras
que se dicen bajito:
Mi hijo no ha vuelto. Mi hermano se fue. No sabemos dónde está. Guardame esto. Volvé cuando podás.
Y hay otras que sobreviven
a pesar de todo:
Comé. Descansá. Aquí tenés café . Sentate .Todavía queda tortilla.
Así habla Centroamérica.
No solamente con sus muertos
ni con sus guerras
ni con sus presidentes.
Centroamérica vive así:
entre la milpa y el denuedo
entre la iglesia del domingo
y la noticia de otra muerte
entre el mar que llama
y la tierra que retiene.
Pero también está la risa
de los niños después de la lluvia
el vendedor que enciende su puesto al alba
la muchacha que cruza la plaza
con los libros contra el pecho
el campesino que vuelve a sembrar
aunque el año haya sido malo.
Por eso no hablemos
solamente de guerras y presidentes.
Hablemos de la gente
que sostuvo el país cuando todo se derrumbaba.
De la mujer que abre el puesto
antes de que amanezca
con el campesino que hunde el machete
en una tierra cansada
con la maestra que llega a la escuela
aunque el camino esté hecho lodo
con la muchacha que guarda sus libros
debajo del brazo
y sigue caminando.
Hablemos con quien perdió una casa
y levantó otra.
Con quien atravesó caminos
sin dejar de pronunciar
el nombre de su pueblo.
De quienes enterraron a sus muertos
y al día siguiente hicieron tortillas
De quienes cruzaron fronteras
sin dejar de decir
mi tierra!
Porque esta tierra
aunque herida
no ha aprendido a rendirse.
Y mientras alguien encienda la leña
siembre una milpa
abra una escuela
o ponga un plato sobre la mesa….
Centroamérica seguirá diciendo
con su voz cansada y obstinada:
aquí estamos.
Todavía.