Bebí de ti esa noche como quien encuentra
un manantial en medio del desierto.
Degusté lentamente del licor de tus labios,
estremeciéndome con cada caricia de tus manos.
Mi lengua saboreó sin censuras
cada poro de tu piel.
Mordiendo aquí, chupando allá,
desatando la lujuria tanto tiempo contenida.
Me embriagué de ti como quien mezcla Vodka con tequila,
entregándome a la febril danza de la pasión.
Sedienta, me dejé llevar por el calor de tus besos,
el arrullo de tu voz y el rítmico vaivén de tus caderas.
Así perdí la conciencia, extraviándome
en múltiples espasmos de placer.
Me convertí en tu prisionera,
completamente ebria de ti.
Vale DGlez.