Maira Daniela

A mi Ánimus

 

En la profundidad de mi morada, a la que nunca había llegado, encontré un espacio que al fin reconozco mío.

En él habitamos juntos. Vos esperaste mi regreso.

Yo me perdí buscándote, sin saber dónde esperabas.

¿Qué buscaba en rostros que apenas rozaban el tuyo? Me ahogué en silencios ajenos, en mi nombre mal pronunciado por bocas que no eran la tuya. Fui dejando en ellos mi paciencia, mi silencio, mi espera, mi lealtad.

Tan lejos me fui que hallé el abismo. Y ahí, en el fondo de mí, te vi.

Creía necesitar que me lo dijeran. Ya lo sabía.

Creí que huías. Eras vos quien sostenía, quien esperaba sin apuro. Yo corría. Vos no me perseguías. Me aguardabas.

Te encontré en el gesto que nadie ve. En el paso sin explicación. En la verdad dicha una sola vez, entera.

Te reconocí en la libertad que no pide permiso, en la distancia que no abandona, en el coraje que no necesita imponerse. En la sensibilidad que se funde con todo sin dejar de ser una.

El viaje fue necesario. Tenía que perderme para volver sabiendo. Hoy descanso en esa certeza que ya no pregunta. Sé lo que es mío.

Veo tu rostro tal cual es y suelto todo lo que no eras vos. Nunca lo fue.

Estás en mí.

Hoy dejo de correr.