Solo se miraron,
suspendidos
en un suspiro,
como un reloj detenido.
De grafito gastado
y casquillo mordido
ante una hoja en blanco,
olvidada fuera del cuaderno.
Las palabras
no formaron versos;
se disolvieron en metáforas
antes de tocar el papel.
Se retiraron en silencio,
con las manos atadas
a un pensamiento
que lo decía todo.