Si de pronto la memoria repitiera en la boca
un rastro exacto a tu memoria,
esa misma esencia que dejas en las sábanas
y en el aire cuando cruzas la tarde.
Si el azar calcara tu dibujo exacto,
esa curva tan tuya con que desalojas la tristeza,
y el refugio que inventas cuando callas
porque tu silencio también es un puente.
Si de pronto me dieras esa mano firme,
que sostiene mis dudas con un rigor de orilla,
y en el mapa del frío nos buscamos
para abrigar los labios despacito,
salvándonos del mundo sin heridas,
y en esto no me equivoco, te lo juro,
porque pongo la vida entera en cada roce
como quien cuida la última frontera,
Entonces, mi amada,
el milagro sería descubrir
que la eternidad no era un absoluto,
sino este modo tan humano y nuestro
de habitarnos.