JordiCris ✍️

La noche que dejó Moro. (Tributo a César Moro)

Esta imagen ha sido creada por IA por el autor para ilustrar la narración siguiendo la regulación sobre el uso de la inteligencia artificial en España que se rige principalmente por el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (Ley de IA).  Video: César Moro - La leve pisada del demonio, recitado por Tomás Galindo
 
 
La noche que dejó Moro. (Tributo a César Moro)
 
ʺEn el sueño y por el sueño deben resolverse los problemas capitales del hombre: el amor, la locura: es decir: la poesía, la revoluciónʺ. C. Moro. “El anteojo”
 
Moro,
alguien dejó abierta la noche
y por esa herida entraron los caballos del sueño.
 
Venían de Lima,
de una Lima sumergida bajo el agua negra de los astros,
con sus crines llenas de relámpagos
y una música de cuerpos que nadie podía escuchar.
 
Tú caminabas detrás de ellos,
descalzo sobre las ruinas de la razón,
llevando entre las manos
una rosa que no pertenecía a ningún jardín.
 
La rosa ardía.
 
Y nosotros comprendimos entonces
que el amor no era una casa,
sino un incendio sin puertas.
 
Amabas contra la ley de las sombras,
contra la obediencia de los cuerpos,
con la orgullosa claridad
de quien ha encontrado en otro hombre
la forma más pura de su propia libertad.
 
No había pecado en aquel deseo,
sino revelación:
 
un cuerpo llamando a otro cuerpo
desde el fondo de la noche,
una mano que encontraba otra mano
allí donde el mundo había levantado sus muros.
 
Y mientras Breton soñaba todavía
con la antigua mitad perdida del mundo,
tú abrías otra puerta:
 
no la del complemento,
sino la del deseo sin permiso,
la del amor que no necesita
una mitad legítima para arder entero.
 
Había una boca en la oscuridad.
No sabíamos si era la tuya,
la de un dios dormido
o la de la noche cuando sueña con nosotros.
 
Nos acercamos.
 
Entonces aparecieron los peces.
 
Peces negros, peces de plata,
peces que nadaban contra el cielo
como pensamientos escapados de la sangre.
 
No eran los peces obedientes
del sueño de nadie.
 
Eran tus peces:
 
criaturas de lo profundo,
nacidas donde el deseo toca la ausencia,
peces poéticos que no explican el mundo,
sino que lo hacen temblar.
 
Frente a Breton,
que quiso ordenar el sueño
bajo los astros de su propia doctrina,
tú dejaste que los peces
rompieran el acuario.
 
Y nadaron.
 
Nadaron hacia el amante,
hacia la herida,
hacia ese lugar sin nombre
donde la realidad se vuelve deseo
y el deseo, palabra.
 
El aire tenía el sabor de la fiebre.
Las sombras se desnudaban lentamente
sobre las paredes,
y nuestros nombres,
pronunciados por nadie,
caían al suelo como animales heridos.
 
Moro,
poeta de las habitaciones sin techo,
¿qué hiciste con la realidad?
 
La dejaste temblando
frente a un espejo
que reflejaba la imagen bella
de un campo sin puertas.
 
Le enseñaste que una mano
podía convertirse en pájaro,
que una estrella podía esconderse bajo la lengua,
que un cuerpo podía ser al mismo tiempo
abismo, relámpago y refugio.
 
Desde entonces
la noche ya no es la noche.
 
Hay un hombre detrás de cada puerta.
Hay una mujer durmiendo dentro de cada incendio.
Hay un deseo que atraviesa las paredes
como una criatura sin rostro.
 
Y cuando cierro los ojos
te encuentro todavía:
 
sentado al borde de una cama imposible,
rodeado de flores negras,
escuchando cómo el universo
se rompe lentamente contra tu corazón.
 
No dices nada.
 
Sólo levantas la mano
y señalas la oscuridad.
 
Allí está el poema:
 
Allí donde el mundo pierde su nombre.
Allí donde el deseo se vuelve animal
y nos mira con los ojos abiertos.
Allí donde amar
significa entrar desnudo en el sueño
sin saber si alguna vez habrá regreso.
 
Moro,
hermano de las tinieblas luminosas,
esta noche vuelvo a abrir la ventana.
 
Entra el mar.
Entran los muertos.
Entran los peces,
libres como el viento,
con los ojos llenos de noche
y el cuerpo atravesado de estrellas.
Libres como tus versos,
libres como tus prohibidos besos.
 
Entra una luna enorme
con la boca llena de ceniza.
Y detrás de todo,
como una última llamarada,
entra tu poesía
como elefante en una cacharrería
para romper todas las métricas y reglas.
 
Para ti, Antonio es Dios,
el amor escenificado en Cretina.
emblema de tu amor:
y, en una sola línea el amado,
el amor y al amante reunidos
de donde nació “La tortuga ecuestre”.
 
“Obra poética” en cinco cartas
de una historia de amor de ocho años
donde dos peces se amaron
con el fuego de todas las pasiones:
 
ANTONIO es Dios
ANTONIO es el Sol
ANTONIO puede destruir el mundo en un instante
ANTONIO hace caer la lluvia…
(…) ANTONIO ocupa toda la historia del mundo
ANTONIO sobrepasa en majestad el espectáculo grandioso del mar enfurecido
ANTONIO es toda la Dinastía de los Ptolomeos México crece alrededor de ANTONIO,
 
Y la noche se abrió,
los peces volaron
y Cretina recorrió el Mundo
con alas hechas de versos
y la poesía fue libre.
 
 
CRISPÍN
Poema Nº157
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