Alguien que aprendió

Tu nombre

Por meses no pude decir tu nombre 

sin que se me quebrara algo en la boca.

Lo esquivaba:

Decía; ella, decía; alguien, decía nada.

 

Ayer, sin querer, lo dije en voz alta

pidiendo un café.

Y no pasó nada.

 

La muchacha me dio el cambio,

afuera seguía haciendo calor.

Tu nombre, al fin, volvió a ser solo un nombre,

y eso fue una forma extraña de victoria.