EXPERIENCIAS APRENDIDAS ENTRE GENERACIONES DE POETAS
Los mayores enseñaron que la palabra pesa.
Que no se grita lo profundo: se dice despacio.
Que el verso nace del silencio, se nutre de la vida
y se entrega sin esperar siempre recompensa.
Nos legaron la lealtad a la verdad, aunque duela decirla.
Nosotros aprendimos que la voz cambia, pero no calla.
Que llegan nuevos caminos, nuevas formas, nuevos ecos…
pero el alma del poema sigue siendo la misma:
amor, dolor, esperanza, búsqueda.
Cada generación recibe la antorcha y la aviva.
Los jóvenes nos enseñan que la poesía no envejece:
se renueva. Que llega a oídos distintos, a corazones nuevos,
que se dice en otros tonos, pero dice lo esencial.
Y así, la cadena no se rompe: se extiende.
Lo que recibimos, lo cuidamos; lo que aprendimos, lo pasamos.
Nadie es dueño del fuego: solo lo mantiene encendido.
Unos lo protegen del viento; otros lo avivan para que alumbre más lejos.
Juntos, formamos un solo poema que nunca termina.
Donde cada verso es generación, cada estrofa es herencia,
y el último… aún no se escribe.
@ NOAH SUBIN
5 OCT. 26
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