La pasión es el fuego que enciende el alma,
el amor la llama que no se consume,
Todo me gusta de ti. Eres preciosa
te mire por donde te mire;
en la curva de tu sonrisa,
en la forma en que tus ojos
parecen incendiar la noche,
en cada rincón de tu cuerpo
que mis manos desean aprender.
Cuánto te deseo. Cuánto te amo.
Hay noches en que quisiera
acercarme a ti
hasta borrar la distancia,
hasta que el mundo deje de existir
donde solo queden tu respiración y la mía
ardiendo en el mismo instante.
Embrújame con tus besos,
bésame como si el amanecer
fuera una amenaza,
como si después de esta noche
ya no quedara nada
que pudiera salvarnos del incendio.
Pero por un instante,
olvídate de tu piel
y enséñame tu alma.
Déjame conocer
aquello que no desnudas ante cualquiera,
tus miedos,
tus cicatrices,
esas partes de ti
que escondes cuando sonríes.
Porque quiero tocarte, sí,
pero también quiero alcanzarte
donde las manos no llegan.
Quiero tu cuerpo
cuando me desees,
pero quiero tu alma
cuando tengas miedo.
Quiero tus labios,
pero también tus silencios.
Quiero la fiebre de tu piel
y la verdad que guardas debajo de ella.
Porque el fuego de la pasión
no es lo mismo sin amor.
Puede arder la carne
y no significar nada.
Pero cuando el deseo ama,
cuando dos almas se encuentran
en medio del incendio,
entonces ya no sé si estoy besándote
o si estoy aprendiendo a arder contigo.
Y si alguna vez
hemos de consumirnos,
que sea sin cenizas entre nosotros,
sin miedo a quemarnos,
sin dejar nada intacto.
Que al final de la noche
no quede de mí
más que un hombre enamorado,
y de ti,
ese fuego hermoso
que, aun después de apagarlo todo,
siga ardiendo en mi pecho.