Freddy Kalvo

La viuda negra y el abejorro

Cierta mañana de octubre

en una espesa arboleda

una araña laboriosa

trabajaba muy intensa

en la trampa preferida

y, pensando iba en su presa

con sus ansias de cazarla

de una forma traicionera…

 

Por la tarde un abejorro

iba en busca de su cena

y se oía aquel zumbido

entre ramas y hojas secas

y entre flores coloridas

cuyas mieles son más frescas.

 

Cuando el sol se iba ocultando

esa araña viuda negra

lo miraba entusiasmada

recostada entre la tela

con los hilos transparentes

trabajados con sapiencia

con instinto que es muy propio

(por vital naturaleza)

que en la noche es complicado

si es difícil que se vean.

 

Y la araña venenosa

cada vez estaba presta

al zumbido de aquel bombus

que libaba las violetas

los jazmines y amapolas

y las lindas azucenas

extrayendo muchas mieles

de las flores que son bellas.

 

Mas él nunca imaginaba

(en aquella espesa niebla)

que una araña venenosa

en sigilo iba más cerca

esperando que en la trampa

ese bombus le cayera.

 

Pero aquello que esperaba

era espera que envenena

porque nunca el abejorro

se acercó a la viuda negra

al mirarla amenazante

con sus patas esqueléticas.

 

Y voló aquel abejorro

justo al borde de la sierra

donde había muchas plantas

de azahar y de azaleas,

de begonia y buganvilia,

de caléndula y camelias

que también le dieron mieles

y no muerte sempiterna.

 

¿Y cuál será la enseñanza,

que esta fábula nos deja?

 

«Quien no está atento al peligro,

esperándolo se queda;

si prevé lo que se viene,

oportunamente vuela...»