Y sin conocernos,
nos encontramos un día.
Cada uno, con su propio equipaje.
Y nos fuimos enamorando.
Ninguno de los dos sabía,
que habíamos existido antes.
Y en ciudades ajenas con
días en otoño,
nos dijimos “te amo”
y después de un tiempo...
nos fuimos
olvidando.
L.G.