De tarde, el cielo se fue entristeciendo,
el bochorno reciente se refrescaba,
ya calentó un aire que subía
hasta verse con el frío de arriba,
reinante, Zeus invicto,
se miraron nada más verse,
intuyendo que no es de paz
el son con el que Bochorno
subió; se le negó habitación propia,
y yo, que pasaba por allí, hospedado,
viaje de trabajo, me esquiné a un lado,
contemplando. Una sucesión
de puñetazos, de palabras sin efecto,
prorrumpieron, los llamadores
del mostrador volaron, el aire,
vendaval, la seguridad, insegura,
y las voces, agua.
Bochorno se fue no sin romper
de un ventazo el paragüero de cisne
al lado de la puerta giratoria; el aire
frío estiró la mano al timbre oculto
de la policía inmediata pero...
Pasó esta lluvia, de verano,
de esas que se agradecen
porque son cortas, e intensas...