Antonio Portillo Spínola

El náufrago de tinta

 

​La tinta se derrama como un río

que no conoce el mar, solo la orilla;

palabras que florecen de rodillas

en un cuaderno tímido y baldío.

​Buscó en la piel del otro una guarida,

dejó señales, migas en el suelo,

mas solo halló la prisa y el desvelo

de un mundo que no frena ante la herida.

​Se pudre en el silencio la madera:

¿por qué gastar la sangre en el cortejo

si el aire solo traga su reflejo

y el eco es una trampa que no espera?

​Sin embargo, en la tregua de la mesa,

la mano baja, torpe y desatenta;

roza la sal del folio, no escarmienta,

y ante la cal desierta no sopesa.

​Escribe, al fin. No busca ya la gloria

de ser hallado al fondo del gentío:

escribe por salvar de la memoria

su propia voz, helándose de frío.

​— Antonio Portillo Spínola ©