La lluvia golpea la ventana
con dispersión y fuerza,
con sus nubes ocultando
la sierra, la Yezosa y la Estrella,
como si se estuvieran besando.
Mi Morena, tumbada
sobre mi pecho, tranquila,
como la golondrina
con sus polluelos en el nido,
en un pequeño rincón.
Ella escucha mi corazón,
contento por la ilusión
de tenerla cerca.
Esos besitos en su pelo,
esas manos entrelazadas
y esos abrazos infinitos,
sin noción del tiempo.