Quien, sabiendo lo poco que sabe y todo cuanto aún le queda por descubrir,
habita su presente sin renegar de la arena de su pasado,y va dejando,
en cada pensamiento, en cada palabra y en cada acto, las huellas de lo que será mañana.
Recibe lo que llega, deja ir aquello que ya no puede cambiar y aprende,
con los años, a caminar sin cargar más peso del necesario.
Como la tortuga marina que nace en la arena , avanza hacia el mar,
siguiendo un destino que, lo sepa o no, forma parte de su camino universal.
Un mar familiar.
Y quien se dirige hacia él quizá descubra, al final...
que sus huellas se pierden en la inmensidad.