Ante los atrios, júzgame.
Júzgame, por favor,
sin juicio no hay perdón,
hay un abogado esperando por mi caso,
hoy estamos abajo, mañana tal vez arriba,
la vida y su sentido es repartirnos las heridas.
Toca la puerta de mi casa un bandido educado,
las consecuencias de mis actos no culpan a ninguno,
yo decido si abro, o cierro con llave y candado.
Júzgame, por favor,
sin juicio no hay perdón.
Redimirnos nosotros mismos
es no entender el significado,
la grieta está en que el calabozo,
solo lo abre quien está libre, y no el esclavizado,
si nosotros estamos adentro, Él está afuera…
¿Quién es el que abre?
Acepto con agrado la libertad que se me ofrece.
Júzgame, por favor,
sin juicio no hay perdón.