LA MECHE Y WCELOGAN 🔛

POR LA PUERTA DE ATRÁS

POR LA PUERTA DE ATRÁS

 

 

 

 

Me escapé por la puerta de atrás,

sin hacer ruido,

sin mirar hacia atrás.

 

Jurando que el amor

no volvía a encontrarme,

que ya había aprendido

a no tropezar.

 

Pero uno nunca sabe

quién te va a tirar la rienda,

ni en qué esquina del mundo

te espera la ocasión.

 

Yo, que venía de vuelta,

con el corazón en huelga,

fui y me choqué de frente

con tus ojos negros

color incertidumbre.

 

¡Mirá vos qué desgracia!

 

Yo que me creía vivo,

yo que decía:

“A mí no me agarran otra vez”.

 

Pero como dicen ustedes:

“Camarón que se duerme,

se lo lleva la corriente”...

 

y yo me dormí

mirándote los ojos.

 

Me libré del amor,

eso creí,

tiré las llaves al río

y me fui.

 

Pero el amor,

qué guapo,

no respeta despedidas;

se me apareció en tu boca

y volvió a entrar en mi vida.

 

Tus ojos negros

no prometían nada,

ni juraban eternidades,

ni hablaban de pasión.

 

Tenían ese misterio

de calle mal alumbrada:

uno sabe que es peligroso

y igual dobla la esquina.

 

Y yo doblé.

 

¡Qué querés que te diga!

 

Me pudo la curiosidad,

esa vieja costumbre

de jugar con fuego

cuando uno ya conoce

las quemaduras.

 

Ahora ando otra vez

con el corazón de estreno,

aunque juré que no.

 

Y si esto sale mal,

no voy a echarle la culpa

ni al destino

ni al alcohol.

 

La culpa fue mía.

 

Por creer que estaba libre,

por hacerme el indiferente,

por salir por la puerta de atrás

y encontrarme con vos

en la puerta de enfrente.

 

Me libré del amor,

eso creí,

tiré las llaves al río

y me fui.

 

Pero el amor,

qué guapo,

no respeta despedidas;

se me apareció en tus ojos

y volvió a entrar en mi vida.

 

Y ahora, entre nosotros,

como dice el paisano:

 

“Al que le gusta el durazno,

que se banque la pelusa”.

 

Yo ya mordí el durazno.

 

Y qué querés...

estaba rico.