Asomaste tu aroma
a un lugar sin ventanas.
Avivado y fragante,
sofocantes llamas.
Parecía agua bendita,
lo que tú me dabas.
Alcohol vivo era.
Ardían tus manos,
tus palabras
y las miles de imágenes
que de ti manaban.
Cegado, quemado por ti,
estuve, o estoy, no sé.
Si el fuego pasa,
pasará.
No hoy.