MURALLAS LUGAREÑAS
Donde el cielo parece detenerse
a respirar el olor de la montaña,
para entibiar en todas sus veredas
las lisonjeras y altas esperanzas;
escondiendo la luz de sus estrellas
con el fulgor de todas sus añoranzas.
Como si su coqueteo pretendiera
sembrarse en el cenit de sus entrañas,
confundiéndose así con la neblina
que sus senderos de verdor engalanan;
un ambiente de eterna primavera
que dulcemente el corazón atrapa.
Ofreciendo en sus muchas hondonadas
lágrimas que brotan de la tierra,
para con tierna humildad ofrecerlas
en el encanto que su paz reserva;
aguas puras, secretas y sagradas,
que en el silencio la montaña engendra.
Protegidas por ondinas y nereidas,
por los gnomos que custodian la tierra,
entre los silfos y las silfinas
que van poblando la sagrada sierra;
celando aquel misterio tan profundo
que en su interior el corazón encierra.
MANUEL ENRIQUE TUA AGUILAR