Desde las fuentes donde el viento nace
hasta este valle incierto de mi ocaso,
raudo y veloz, volando por el éter,
viene a verme mi mítico Pegaso,
poblando los espacios siderales
de estrellas y jazmines a su paso.
Aquí planté mi flor del frío invierno
junto al río, hijo de la nieve blanca,
a la orilla del lago terso y claro
donde el espectro de mi amor descansa.
Y allí ninfas con voces celestiales
le entonan dulces cantos de alabanza.
Caminaré mil sendas misteriosas
hasta alcanzar mi meta más soñada
donde el cardo se atavía de rosas.
Me purgaré con ascuas y con llamas,
y al calentar mi frío corazón,
podré ofrecerle cobijo a otras almas.
Y vendrá cada día mi Pegaso
a untar su blanco belfo en tierra austera
susurrando con vaho jadeante
al llevar en su grupa mi quimera.
Y sanará mi herida lacerante
el lamer de su lengua lisonjera.