El amor es como el agua:
fuente de vida,
nace donde nadie lo espera
y encuentra caminos
incluso entre las grietas.
Fluye. mientras memorizo los detalles de su rostro
como la primera vez que la vi,
No pregunta se queda en mi memoria.
Sostiene la vida
sin pedir nada a cambio.
Alimenta raíces,
calma la sed,
limpia las heridas
y permanece en aquello que toca.
Pero el agua que no corre aprende a morir.
así el amor tampoco fue hecho
para quedarse inmóvil,
encerrado en un recipiente
por miedo a derramarse.
Tiene que ir y venir,
cambiar de forma,
evaporarse a veces
para regresar convertido en lluvia.
Porque todo lo que ama necesita movimiento.
Y el amor que se estanca,
el que se guarda demasiado,
el que deja de darse,
termina pudriéndose
en su propio silencio.
Quizá por eso amar
no sea aferrarse a alguien,
sino aprender a fluir con alguien;
ser río cuando tu tengas sed,
ser lluvia cuando tu alma este reseca,
ser mar en calma cuando necesites refugio.
Saber estar y saber cuando soltar.
Por eso mi Mary,
quiero amarte
con la pureza del agua cristalina:
sin posesiones,
sin mentiras,
sin condiciones.