El desalmado

LA DOBLE VARA

Nos juzgamos por altas intenciones del alma,

por un pulcro deseo que jamás se ha probado;

conservamos un templo de virtud y de calma,

limpios de toda mancha, sin haber arriesgado.

 

Usamos la doble vara para medir el mundo,

clementes con la niebla que habita en nuestro suelo;

y al fallo del hermano, con rigor más profundo,

negamos la clemencia que exigimos al cielo.

 

Cuando vemos al otro, la balanza es distinta:

buscamos la grieta de su paso caído,

exponemos la sombra que en su pecho se pinta

y juzgamos su suerte por el fallo tenido.

 

Colocamos la gloria del pensar que nos guía,

prendida en la conciencia como un faro invisible,

y al prójimo medimos con la ley más impía,

negando la batalla que libró en lo imposible.

 

¡Que se rompa el espejo de toda esa medida!

No compares tu vuelo con la herida de un paso;

pesa más el tropiezo del que avanza en la vida

que el ideal impecable que no arriesga un fracaso.