Delirios y quimeras en mis noches
de fría soledad,
en mis manos vacías de rocío
se marchitan las flores
mecidas por mi astenia y desvarío.
La sombra agazapada
descarga su tormenta congelada
sobre los álamos del camposanto.
Caen las horas lentas esperando
el nuevo amanecer.
Gemidos, lágrimas por el dolor
y la desesperanza,
y ese anhelo de amor en las miradas
reflejando amargura.
Un adiós… por camino sin regreso,
triste adiós, desolado,
tristes flores marchitas
donde se duermen gélidos los besos,
sin color, sin aroma,
cual efigies de hielo.
Y entre las sábanas de mi orfandad,
mi entraña de poeta,
cansada de llorar
va desgranando versos.