En qué recuerdo habré condensado
tan inmenso amor inutil.
En qué charla te has promulgado
Como el ángel oscuro que me atormenta en los días.
No sé cuándo ni por qué te has hecho tan inevitable.
Tan estúpidamente colosal
como un sol negro que nunca descansa.
No exagero en decir que no éramos nada
nunca lo fuimos.
Y en esa naditud es en donde te rellené de atardeceres, cantos, peces y lunas.
Hice de tu cuerpo y de tu alma un mándala infinito.
Vos ni te dabas cuenta.
En ese momento solo corrías
hacia los brazos de alguien más
completamente enamorada.