No me enraizo
con las luces de mi ciudad
ni con las amables palabras,
impostura son;
tampoco con los pasos de peatones,
menos con los semáforos
ni con los ceda el paso.
No quiero correr,
ni por las endorfinas
ni por salud mental;
quiero puestas de sol,
amaneceres esperanzadores,
constelaciones de bailarinas,
quiero gritar contra mi,
contra todos,
quiero vociferarle al mundo:
¡no entiendo nada!
Necesito un manual de instrucciones
una radio popular
que me enseñe a vivir,
un beso que me sirva
para continuar,
una cómplice caricia,
un abrazo terapéutico;
necesito una isla desierta
donde vayamos tú y yo,
necesito una mente sana
un cuerpo que me responda;
necesito liquidar
mi lado oscuro
enterrarlo, sepultarlo,
disfrutarlo cadáver a mi lado,
silencioso, callado,
inerte;
necesito una oración
por quien fui
y nunca más seré.
Te necesito a ti,
sabiendo de antemano
que nunca te tendré.