Me vale...
Me vale...
Sí, me vale.
¿Y sabes qué?
Que esta vez...
el que no tiene prisa soy yo.
Me vale dos hectáreas
de tus desamores,
tenerte en mi vida
me salía más caro
que quererte.
Y no hablo de dinero.
¡Me vale!
—¿Qué te vale?—
¡Tu desamor!
—¿Y qué más?—
¡Tu indiferencia!
—¿Y qué más?—
¡Tu calculada ausencia!
Me vale que te quedes callada,
creyendo que el silencio
es una forma elegante
de castigarme.
Me vale que no contestes,
que leas mis mensajes
y los mandes al museo
de las cosas que te importan.
Que te hagas la importante,
como si yo estuviera
contando los minutos
para morirme por ti.
¡Bájate del pedestal!
Que tampoco es para tanto.
No eres el último café
del planeta...
Ni siquiera el mejor.
¡Me vale!
¡Me vale!
Tu desamor calculado.
¡Me vale!
¡Me vale!
Tu silencio programado.
Tú creías que yo iba
a correr detrás de ti.
¡Me vale!
Contabas las horas
para verme sufrir.
¡Me vale!
Te hiciste la difícil,
te quisiste hacer extrañar...
¡Me vale!
Pero se te olvidó
que yo también sé jugar.
¡Me vale, me vale!
¡Me vale tu indiferencia!
Cuanto más te alejas...
¡Más claro lo veo!
Yo no te estaba perdiendo...
¡Me estaba liberando!
Tú pensabas que dolía...
¡Pero ya no!
Tú calculabas mi caída...
¡Y se te dañó la cuenta!
Me estaba quitando de encima...
¡Un problema!
Quédate con tus dos hectáreas...
¡De indiferencia!
Quédate con tu orgullo...
¡Y con tu indiferencia!
Quédate con tus silencios...
¡No me interesan!
Quédate con tus desplantes...
¡Me vale, me vale!
¿Y sabes qué voy a hacer
con tus dos hectáreas?
¡¿Qué?!
¡Ni siquiera pienso sembrarlas!
¡ME VALE!
¡Ni siquiera pienso sembrarlas!
¡ME VALE!
Porque, ¿sabes qué?
Me importan dos hectáreas
de tu indiferencia...
¡Y ni siquiera pienso sembrarlas!
¡Me vale!