La encomienda
Pasaba por la acera de la esquina
a ver un gran desfile instrumental;
y luego, se me acerca un mayoral,
pidiéndome cambiar de la rutina:
—Usted, según se dice al verso inclina,
que sabe de escribir un recital;
le ruego que, al hacerle una señal
su voz sea quien se escuche en la bocina.
—Le dije: ¿qué le afirma a tal altura
entrar yo pueda y hacer lo que remite?
Mi dice el pensamiento una aventura
y quiera Dios, que el verso lo ejercite
el numen predilecto que procura
a darle solución a este convite.
Samuel Dixon