Miraba pasar
todos mis años,
y ya siendo viejo
yo todavía pensaba
que seguiría contando
las estaciones perdidas,
sin creer que iba a partir
esperando la luz en silencio.
La vida que sufro hace tiempo
muestra al bosque sus miserias.
Fuertes y antiguos robles al viento
la miran pasar cantando su entierro.
Ella camina a paso lento hacia el mar,
quiere respirar de cerca los acantilados
para descender en vuelo rápido a las olas
y descansar por siempre entre los náufragos.
Al fondo del mar se ahogará con mis memorias.
Se arroja como un ave que vuela para emigrar.
Mil poemas pesados la empujan hacia abajo.
Los últimos respiros los da con los corales.
El agua tan helada se quiere volver tibia,
quizás para que la vida quede dormida
y sienta el calor que dan los abrazos,
el amor dulce que nunca encontró.
A su responso lleno de lágrimas
asisten todas las flores nuevas.
Mis emociones se marcharon
como un río en correntada.
Si regresa de los mares
no la quiero para mi,
que ya no deseo
volver a vivir.