Costra que rasco,
una y otra vez.
Costra que saco,
hasta que sangra mi piel.
Me duele el pecho
y me sujeto los intestinos.
Es tan gráfico,
un dolor tan mezquino.
No quiero saber nada
de las montañas
ni de lo que sea que haya
en sus entrañas.
Me arden los ojos
se me enardecen
todos los sentidos,
y mi mente se ennublece.
¡No tiene sentido!
¡Tú estás conmigo!
Pero me obsesiono,
como si yo hubiese perdido.
Y me rasco la costra
una y otra vez
y es que me pica
como nunca la insensatez.
Que se vaya de tus barrios,
que me deje en paz,
que olvide tus fotos,
apaga la interfaz.
¡Apaga la interfaz, te lo pido!
¡Que deje tus fotos y tus barrios!
¡Aunque sé que estás conmigo!
Que me duele hasta el fondo
este visceral precipicio.
Respirando cuatro, siete y ocho,
mientras me curo las heridas
que abro yo sola
y lo intento, me depuro.