Pecador del vacío
entre tropiezos de egoísmo y rabia;
algo se pierde, y siento que me enfrío
por el rencor que a uno siempre agravia.
Soy el juguete herido que en discordia
arremetiera brusco
con sus armas violentas,
las que siempre han mofado a la concordia.
Todo que entre nosotros dos se ha unido
parece que, del sentimiento exentas,
se espinaron cual áspero pedrusco
en nuestros corazones. Mal vivido,
arrecia pesadillas,
mil dudas sobre el próximo futuro
que entre rumores piensan si apagarse.
¡Tanto odiar las rencillas!
Animas que a la paz tórnanle oscuro
dilema sobre verse y desearse...
Ahí parece todo tan lejano,
Lo que podría ser
ya quizás me sería un sueño vano.
¿Hay alguien que comprenda el parecer
de oscilar entre el odio,
y el elevado podio
de aliviar las heridas
traïcioneras y afligidas?
Es solución que nunca nos carcoman
las apuestas ansiadas del rencor,
mas si el daño al amor
las crueldades retoman,
arrojemos en tanta sombra y nada
la ilusión venenosa
de corrupción fogosa;
broncínea amante muerta y desolada.