Nkonek Almanorri

DE POETAS, POETISAS, ESCRIBIDORES Y LA I.A.

A la sociedad actual ya se le ha impuesto el miedo al hecho, real, de que la IA nos va a quitar el trabajo, que lo hará un robot, pero este robot, lo sabemos (algunos), no será nunca un robot Cervantes u otro grande la la Literatura universal, no. Será un vulgar y simple robot oficinista al cual ni tan siquiera sabremos hacerle frente en cuanto a inteligencia emocional.

 

Resulta patético y hasta deprimente leer del director del Instituto Cervantes que no le preocupa que las máquinas se parezcan cada vez más a los humanos, sino que los humanos se parezcan a las máquinas. Esto lo cuenta, lo escribe, Javier Sampedro, escritor y periodista. Los robots existen, están ahí y lo sabemos, éstan para librar a las personas de los trabajos más duro y peligrosos, también hay otros robots del lenguaje, como ChatGPT, no son una excepción porque, dice este director, escribir es un trabajo durísimo (?). Los periodistas, dícese serios en lo profesional, usan la llamada LLM para documentarse mejor, más en serio, para ser más precisos a la hora de informar. También los hay que - como yo en muchos casos -, huyo de usarlo para escribir, entiendo que, salvo ocasiones muy concretas, desnaturaliza mi pensamiento, mis ideas: es porque entiendo que escribir, hoy en las actuales circunstancias, es un acto natural de rebeldía la cual perdemos en el mismo instante y momento en que acudimos a la IA como hacen aquí unos cuantos, y unas cuantas también, incluso también hasta para dar respuesta a los que les responden de sus \"poemas\".

 

Hay poetas, y poetisas, que no tienen problemas, ni vergüenzas, a la hora de escribir; son \" poetas, poetisas y escribidores\" de última e incluso de penúltima generación que ya se han rendido a este milagro o salvavida de la tecnología sin complejos; gente tan pobre, en lo que a escribir se refiere, que han acabado definitivamente por aceptar la realidad de que la \"máquina\" escribe mejor que ellos y ellas y han renegado de su obligación como supuestos poetas y poetisas de ocasión. Han aceptado también la idea y el convencimiento de que una mayoría somos tontos, cenutrios e ignorantes, por supuesto que, como siempre digo porque así lo pienso, hay excepciones. Claro que las hay.

 

Alguien, aquí, me preguntó recientemente y en privado acerca de qué creo yo sobre el hecho de que mis escritos nunca, o casi nunca, tengan comentarios: Esta es mi respuesta.